jueves, 21 de mayo de 2015


VÍA CRUCIS
DE UN COBRO EN EUROS


La hermosa edición alemana

En abril de 2009, la editorial alemana Deustscher Taschenbuch Verlag (DTV), publicó una recopilación de minificciones elaboradas por escritores de España y América, en una edición bilingüe que incluía 89 textos de 49 autores.
Uno de estos era yo. Dos de los 89 textos eran míos: “Escena de un spaguetti western (versión chicana)” y “Opus 18”, ambos pertenecientes a mi libro Escena de un spaguetti western.
La antología fue titulada en español Minificciones. En alemán, Minigeschichten aus Lateinamerika. La selección y las informaciones biográficas estuvieron a cargo de Erica Engeler, a quien no conozco.
La edición, en rústica, es una de las más bellas que he visto. Muy sobria y sencilla, pero hecha con tanto gusto que da miedo tocarla, por temor a ensuciarla o mancillarla.
Como pago por derechos de autor se estipuló la cantidad de 48 euros para cada escritor. Y, aunque me los enviaron, yo no recibí ni uno, porque ocurrió lo siguiente.
En primer lugar, el fisco alemán cobró un porcentaje. También lo hizo el banco germano desde el que se transfirió el dinero a mi cuenta. Lamentablemente, no puedo decir a cuánto equivalía cada porcentaje, porque extravié los documentos que acompañaban los dos ejemplares que me llegaron. Es posible estos documentos aún sobrevivan en mis archivos, pero lo más seguro es que los haya botado.
Ahí no concluyó la odisea pecuniaria de mis 48 euros.
Lo que quedó, tras las deducciones del fisco alemán y el banco que los transfirió a mi cuenta, no vino directamente a Venezuela. Primero fue al Comerce Bank de Miami que, a su vez, lo envió al Comerce Bank de Nueva York, para que aprobara el depósito en el Banco Mercantil venezolano, que es donde tengo mi cuenta.
Por supuesto, el Comerce Bank –ignoro si el de Nueva York o el de Miami o ambos–, cobró su comisión.
Al arribar el dinero a mi país, tanto el Banco Mercantil como el fisco venezolano dedujeron sus partes. El Mercantil no debió hacerlo puesto que se trataba de un depósito. Pero como de todos modos lo hizo, traté de averiguar el motivo y el gerente de la sucursal de El Recreo, aquí, en Valencia, me explicó que la comisión se debía al cambio de divisas, de euros a bolívares.
Esto me pareció absurdo, dado que el Mercantil recibió mis euros y, en lugar de entregármelos tal como llegaron, pretendía adicionarlos a mi cuenta en bolívares y a precio oficial para después venderlos a precio libre. Es decir, ganaban dos veces a costillas mías. ¡Vaya descaro!
Dado que mi cuenta no reflejó depósito alguno, solicité una averiguación. El resultado lo obtuve en la fecha siguiente: el pago de la editorial DTV se esfumó enteramente entre las comisiones y los impuestos.
Cuando creía que la situación no podría ser más enojosa, lo fue. Dos días más tarde recibí una orden perentoria del fisco venezolano, en la que se me conminaba –en un plazo no mayor a cinco días–, a pagar 14 euros que no pudo deducir del depósito en el Banco Mercantil.

2 comentarios:

  1. Excelente Minificción, Os felicito Por su narrativa de hechos, imagino son reales y si
    no lo son, con tu forma de contarlo, le das perfecta realidad. Quien lo lea, sin coba,
    dirá .eso sería verdad? parece, verda? Siga cosechando Exitos.

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